Recuerdo ese día del padre en que él, muy temprano, dijo quiero que vayamos a almorzar. A eso de las diez en el parqueadero, vi que había citado también a mi hermano Fabián. Fuimos a un restaurante. No nos dejó pagar. Luego me dijo vamos a tu departamento y al llegar sacó de la cajuela una grabadora, cassettes, una botella de ron, cola y cigarrillos. En mi departamento puso albazos y san juanes que bailamos los tres. Luego puso pasillos y a sus 71, recordó a su novia de la adolescencia y la evocó. Me hizo recordar a la de mis 23 a quien conoció y los tres cantamos y bailamos, bebimos y lloramos por los amores perdidos de la juventud... Creo que es el día del padre que mejor la pasamos.
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