En la Plaza Yamaal el - Fna, corazón de Marraquesh. Desde el centro se abren varios callejones donde se venden diversas cosas. Luego de recorrer muchos de ellos, de conversar en varios idiomas y de tener mejor trato y precio cuando respondo que soy ecuatoriano ante su pregunta de si soy francés o español, después de recibir halagos sobre mi selección de fútbol y retribuir el halago mencionando el poderío de la de Marruecos y de responder a una rara pregunta: por qué son el único país dolarizado?, regreso al centro de la plaza, ya cayendo la noche. Veo a los bailarines con trajes típicos, a los contadores de historias, a los músicos, a los encantadores de cobras y patrones de monos y monas vestidos con trajes de satín que suben a los hombros de los paseantes. Estoy maravillado entre los colores y sonidos, pero debo regresar. Me dirijo por ese camino qué lleva a la avenida. Un anciano ataviado como Guerrab (vendedor de agua) me despide y luego de dar dos pasos, me emociono, cierro los ojos, aguzo los oídos para sentir las notas del imzad y de la darbouka y el olfato para retener el olor de los confites de maní y de pistacho. Cuando los abro estoy a punto de llorar. Doy otros dos pasos, pensando en que quizás nunca más vuelva a este maravilloso lugar.

No comments:
Post a Comment